Las calles se pueblan de pisadas e historias, la nuestra en primavera es acompañada por flores, que caen sin pedir permiso a sus habitantes.
Los recuerdos de mi niñez trascurren, entre juegos, risas, luches hechos con tiza, cuerdas, moretones y una que otra pelea momentánea entre los pequeños vecinos. A veces éramos más, otras menos. Al evocar esos momentos siento como si estuviera en pleno año 85, aún escucho nuestras risas en Chinchorro, veo a los niños ansiosos esperando la llegada de
Han pasado 20 años y no sólo recuerdo con alegría, ya que los juegos se mezclan con letras azules que poblaron el pavimento y acompañaron nuestra niñez. Hoy me pregunto si alguno de esos niños las recuerda o yo seré una de las personas que está a cargo de revivirlas en su memoria. No sabía leer, pero si conocía las razones de su escritura, nuestros padres buscaban justicia a través de ellas, por las estafas cometidas con sus sueños de vivienda. No se quién las escribió, sólo que se hicieron nuestras compañeras y que con el paso de los años desaparecieron.
Hoy una nueva generación juega donde antes lo hicimos nosotros, no hay letras sólo risas y un poste de luz que dice Estafa.
La causa sigue a diario, se hizo nuestra eterna compañera y un habitante más de Chinchorro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario